Making off de la exposición «Splendor Lucis Aeternae»

Splendor Lucis Aeternae

Se trata de un proyecto muy personal e íntimo, producido a partir de la exhumación del cuerpo de su abuelo, que el artista exhibió en el Centro Cultural Puertas de Castilla: “Ha sido muy emotivo; la exposición más personal que he hecho, y será difícil superar algo tan cercano, tan íntimo; el trabajo ha sido bastante intenso”, comenta.

Comisariada por Pedro Medina, la muestra matiza el significado de exhumación −traer a la memoria (lo olvidado); exhumar un recuerdo−. Por ello, “se configura como memoria, ese «espacio en el que una cosa ocurre por segunda vez» −como la definía Paul Auster en La invención de la soledad−, a la que se recurre como catalizador para identificar la propia vida y para reconstruir el pasado histórico”.

Así lo explica Medina en un bello texto que desvela la doble intencionalidad de Martínez Cánovas: “el homenaje al abuelo apenas conocido, a través de la taxonomía de su historia vital […] y reflexionar sobre el propio acto artístico para rememorar”.

La obra de Martínez Cánovas interpela siempre al espectador sobre la muerte, un debate que mantiene consigo mismo desde su infancia: «Cuando morimos, ¿a dónde vamos?».

Hablar con el artista es adentrase con fascinación en su complejidad imaginativa (prueba de ello son sus detallados dibujos a grafito) e intentar comprender su inquietud por conceptos como la vida y la muerte o el infierno, entendido, en ocasiones, como metáfora de la mediocridad, temas que han protagonizado varias de sus exposiciones (como las tituladas I.V.E., Inferus Vacuus EstHic Daemonia Sunt).

En Splendor Lucis Aeternae, ha ido construyendo la vida de su abuelo a partir de su muerte, pero también ha sentido la necesidad de homenajear a toda una generación, recuperando así la historia de los años cuarenta, setenta u ochenta. Su objetivo, añade, “es volver a sacar a la luz o recuperar lo olvidado […], entonces todo surge a raíz del cuerpo”. Este trabajo, por tanto, “ha sido una recuperación, a la vez, de conocimiento: sabía muchas cosas sobre mi abuelo, pero no había indagado de forma tan profunda en ellas”.

¿Qué ha pretendido sacar a la luz? −le pregunto. “Al final lo puedo resumir como homenaje a su vida; he recuperado algunos momentos de ella. Conocer a mi abuelo a través de sus objetos, de los recuerdos que otras personas, como mi madre, han compartido conmigo. Casi cuarenta años después, una persona recupera su memoria, parte de su vida, su vida íntima, familiar, laboral, y la exhibe como homenajea la vida”, contesta.

Una impresionante instalación escultórica, que representa la exhumación del cadáver de su abuelo, forma parte del proyecto.

A través de ella, el artista comparte su idea de cómo el cuerpo marca el recorrido de una vida: “la pieza escultórica está hecha con el traje de mi abuelo, con su corbata, todo es de él, conforme quedó en el armario en el año 1984 o 1985. Pero las manos y la cara son mías; es decir, Cristóbal (Hernández Barbero) y Eduardo (Velayos) hicieron un vaciado de mis manos y mi cara. Por lo tanto, estoy jugando conceptualmente con esto: mi abuelo ha pasado por este proceso, pero el que está ahí soy yo. No deja de ser una alusión al sentido de que unos pasan y otros vamos a pasar. Yo llevo esa línea genética, pero es algo que nos va a tocar a mí y a todos”, sostiene.

La exposición también se configuró con retratos a grafito y óleo, fotografías familiares, textos, cartas y documentos, una película digitalizada, grabada originalmente en formato super 8 milímetros y se dividió en varias estancias que establecían una relación cronológica.

“La intención de volver a sacar a la luz todo ese tipo de cosas es un recuerdo, la vida de una persona, mi abuelo. En esta exposición es evidente que también está la muerte. A partir de la muerte hablo de la recuperación de una vida y de volver a sacar a la luz una vida. Suele darse al revés, conocemos primero a las personas. Pero, en este caso, he recuperado su memoria sin conocer a la persona porque cuando falleció yo tenía cuatro años y no tengo apenas recuerdos, solo sueños leves”, señala.

Recorrer esta muestra puede albergar en cada uno de nosotros fuertes sentimientos de pérdida que se intensifican conforme nos aproximamos a la instalación escultórica. Sin embargo, Martínez Cánovas lo expresa desde una emotiva sensibilidad.

+ Martínez Cánovas

La religión, el erotismo y la ciencia ficción tienen cabida en su obra, la de un artista del siglo XXI; y es que, además de pintor, Juanjo Martínez Cánovas es tatuador, y la influencia de la tinta es evidente en su pintura.

Con Plague & Metamorphosis, Juanjo Martínez Cánovas (Murcia, 1980) presentó por primera vez en la Región una colección «muy personal»: figuras humanas trasmutadas en animales o mezcladas con otros seres, clara influencia de El Bosco, con referencias a la muerte y al cine de ciencia ficción. Recorrer el laberinto surrealista de Martínez Cánovas es convivir con sus personajes; Criaturas que evocan el mundo interior del artista, donde las expresiones verbales y exhalaciones del ser humano adquieren forma de insectos o anfibios, sugiriendo una interpretación de mundos oníricos.

Entrevista en este enlace.

Juanjo Martínez Cánovas junto a la obra «Chronos»/ Imagen: Aricompany.es

Hic Daemonia Sunt

Juanjo Martínez Cánovas muestra, a través de un pincel realista, las inquietudes de su subconsciente en la exposición Hic Daemonia Sunt, un conjunto de obras que representan los vicios de la sociedad a partir de los rostros de personajes relevantes, dirigentes o políticos, y que puede visitarse en las Casas Consistoriales de Mazarrón hasta el próximo sábado.

El pintor reflexiona, con una imaginación que escapa de lo delirante, sobre los conflictos de la sociedad actual y la función del arte contemporáneo ante tales escenarios. En palabras del comisario, Giorgio Pellegrini, director del Museo del Papel y de la Filigrana de Fabriano (Italia), sobre «tormentas perfectas de nuestro tiempo, financieras, sociales y culturales, que nos obligan a atravesar caminos resbaladizos».


Fiel a la estética del movimiento Lowbrow o Surrealismo Pop –corriente «antitética al intelectualismo y a la llamada cultura alta» que da cabida, según Pellegrini, a «artistas de cómic, ilustradores o decoradores hot road»–, el murciano plasma los pecados capitales en la figura de demonios. Asmodeo es la lujuria; Belcebú, la gula; Mammón, la avaricia; Belfegor, la pereza; Amón, la ira; Leviatán es el demonio de la envidia y Lucifer se asocia a la soberbia.

En esta ocasión, Martínez Cánovas se ha inspirado en la sexta edición de Dictionaire Infernal (1863), obra del escritor francés Jacques Auguste Simon Collin de Plancy, y se trata de la primera vez que exhibe obras escultóricas para aunar así tres disciplinas: el conjunto se completa con piezas realizadas en grafito sobre papel y óleo sobre madera.

Esta colección es la segunda parte de un proyecto iniciado en 2017 con I.V.E., Inferus Vacuus Est, y completa un ciclo de cuatro exposiciones individuales –entre ellas, Trasmutazione y Plague & Metamorphosis– que el pintor ha inaugurado en los últimos dos años y donde encontramos los temas centrales de su producción –la muerte, la fugacidad de la vida, lo eterno frente a lo terrenal, el bien y el mal–, alusiones al concepto barroco de la vanitas y escenas que provocan la pérdida de conciencia.

Enlace a la entrevista.

Me preocupa el triunfo de la mediocridad

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