Buceamos en las marinas de Torregar, sin vislumbrar la línea del horizonte. Es un impulso valiente porque la densidad del oleaje, en aparente calma, se advierte en cada pincelada. A través de un trazo enérgico, “el mar como un vasto cristal azogado refleja la lámina de un cielo de zinc” –citando el poema de Rubén Darío Sinfonía en Gris Mayor [1]-. El conjunto parece que se disuelve, se funde; la materia fluye y esa reacción de la pintura es la búsqueda más interesante.

Quizá Torregar sea también alquimista, ya que experimenta con los materiales para comprobar cómo se transforman en el cuadro, una investigación que se ha convertido en una constante de su proceso creativo, donde no hay presencia de bocetos ni esquemas visuales. Trabaja las piezas por series, de forma que unos cuadros influyen sobre otros, conteniendo sutilmente su imaginación para dotar de sentido a las colecciones y configurar una narrativa pictórica coherente.

Técnica mixta sobre papel. Imagen cortesía del artista.

Mediante diferentes expresiones artísticas como la pintura, la escultura, la fotografía o la intervención de espacios (instalaciones), el artista reflexiona sobre la existencia del ser humano, la carne y la memoria, temas que se repiten en su producción, junto a la conservación y la identidad; conceptos representados por elementos como el fuego y el mar, la máscara, cuerpos atrapados en recipientes, fetos o figuras de inspiración helenística.

En gran parte de sus creaciones encontramos un sentido romántico del paso del tiempo y su influencia en el rostro, especialmente en aquellos retratos que desvelan el carácter de los personajes y sus historias a través de las marcas de la piel. Si nos aproximamos a ellos, apreciamos un conjunto de líneas verticales, horizontales y oblicuas que se deslizan con extraordinaria ejecución, generando volumen. Desde la distancia, visualmente presentan un resultado realista, consecuencia de sacrificar la forma por el fondo.

Sus trabajos exponen un fuerte contraste en la recreación de dos etapas de la vida muy distintas, el origen y la senectud. Es una obra simbólica, donde la cuestión de la identidad se analiza, metafóricamente, a través de la máscara o el collage fotográfico. Otras veces se produce una descontextualización a partir de una figura literaria, como es la sinécdoque –la parte por el todo-, y la representación del ser humano se va acotando hasta mostrar un solo elemento, bien una boca bien un ojo.

Observamos una cuidada técnica en la valoración del claroscuro, una combinación de luces y sombras que van generando el volumen y esa especie de desconchados que proporcionan ambigüedad a la imagen. Los elementos y las figuras se funden con el fondo debido a un proceso de acumulación de varias capas. Es una práctica continua de construir y deconstruir, de dar forma y quitarla, a través de barridos o arrastrados, porque su objetivo no es recrear fielmente una imagen, sino adentrarse en las posibilidades de la materia.

Así es su pintura; intensa y desafiante, inquietante y bella

En las obras, trata de trascender el soporte bidimensional mediante parámetros como luminosidad, saturación y juegos de colores fríos, cálidos y complementarios, cuestión relacionada con la importancia y significado que otorga al color, influjo de los pintores impresionistas y postimpresionistas. La gama cromática que utiliza es variada, aunque hay etapas en las que ha trabajado con una escala reducida formada por amarillos, rojos, naranjas o marrones (cálidos).

Una de las peculiaridades de su trabajo es la reinterpretación de las series ya que, pasado un tiempo, retoma colecciones anteriores para averiguar cómo se enfrenta a la misma temática, analizando su propia evolución.

Su proceso creativo es variable porque no siempre es fruto de la reflexión. A veces, le inspira una atracción momentánea –“donde otros ven una pared enmohecida” él encuentra diferentes texturas e infinidad de posibilidades plásticas-; otras, un solo cuadro le lleva a realizar un proyecto de mayor envergadura que incluye varias colecciones.

Técnica mixta sobre papel. Textura cedida a Aricompany.es.

Es lo que ocurre con series como Infernum, una extensa investigación sobre la simbología del fuego que se ha convertido en una amplia interpretación de los cuatro elementos de la naturaleza. Dejamos atrás la frescura de las azuladas aguas de Mare Nostrum para acomodarnos en la calidez del fuego, intangible y cambiante, del que casi escuchamos el crepitar. No es un “amor interrumpido”[2], como canta Rafael Alberti en sus versos A la pintura (Poema del color y la línea), porque la obra de Torregar evoca lo inesperado. En palabras del poeta, una “desvelada alegría de buscar la Pintura y hallar la Poesía”.

Obra de la exposición ‘Pasiones’, MURAM.

[1] Darío, R. (2016). Rubén Darío. Del símbolo a la realidad. Obra Selecta. Edición conmemorativa de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, Editorial Alfaguara. pp.53.

[2] Alberti, R. (1976). Rafael Alberti. Poemas del destierro y de la espera (Antología). Selección y prólogo de J. Corredor-Matheos. Selecciones Austral. Madrid: Espasa Calpe, pp. 111.

Texto escrito para el catálogo del proyecto ‘Pasiones’, comisariado por Juan García Sandoval.

+ Torregar

Exposición ‘Constelaciones. Nikes y diosas’, en Casas Consistoriales de Mazarrón.

José Antonio Torregrosa García, ‘Torregar’, es un artista visual contemporáneo que reflexiona sobre la existencia del ser humano, el paso del tiempo y su reflejo en el rostro. Temas que, junto a la carne, la memoria, la conservación y la cuestión de la identidad, protagonizan su producción.

Tras cursar Bachillerato de Artes en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Murcia, se licenció en Bellas Artes en la Facultad de San Carlos de la Universidad Politécnica de Valencia, donde realizó estudios de Doctorado. Obtuvo varias becas, como la Erasmus que le permitió estudiar en la Accademia di Belle Arti di Venezia (1999-2000) o la Beca de residencia en la Fundación Antonio Gala, Córdoba (2003-2004). Además, se ha formado con grandes profesionales como Joan Fontcuberta, Pablo Genovés, Marina Abramovic, Antonio López y Javier Pérez.

Desde 2008 es profesor asociado en el Área de Pintura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Murcia, donde imparte las asignaturas ‘Procedimientos y técnicas pictóricas’ y ‘Proyectos pictóricos’. En su labor docente, transmite la pasión por el arte en todas sus posibilidades expresivas y la curiosidad por la investigación de la materia.

Tal indagación es lo que le convierte en un artista en constante evolución, cuyas obras muestran “una ruptura de cualquier linealidad” pero con un discurso lógico, propio de la reflexión, como afirma el crítico de arte Miguel Ángel Hernández-Navarro. Al observar las obras de Torregar –escribe- debemos buscar “las cosas que se encuentran debajo”, para destapar no solo las capas de la pintura, sino “los temas centrales de su poética”. En palabras de Pedro López Morales, “su inquietud creativa y la calidad suprema como artista ha quedado demostrada en sus sucesivas exposiciones”.

Enlace a las entrevistas publicadas en La Opinión de Murcia:

Quién está dispuesto a exhibir una obra se expone a sí mismo

Intento aportar un enfoque contemporáneo a la visión del mundo clásico

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

64 − 54 =